
Seguramente todos recordamos alguna ocasión en la que fuimos víctimas de alguna emoción negativa. Algún momento de nuestra vida en donde la ira, el enojo, el resentimiento, el miedo, la repugnancia o el odio hicieron que cometiéramos una “tontería”, alguna “estupidez”, nos hicieron hacer o decir cosas de las que más adelante nos arrepentiríamos. Sobre este tema Paul Ekman sostuvo un interesante dialogo científico en el año 2000 con el Dalai Lama. Esta conversación la encontramos plasmada en el libro de Daniel Goleman: “Emociones Destructivas”. En este intercambio de conocimientos se toco un tema crucial:
“¿Cómo podríamos controlar mejor nuestras emociones destructivas?
En este blog hemos hablado de las ventajas de aprender a controlar nuestras emociones:
“Las personas qué no pueden poner cierto orden en su vida emocional libran batallas interiores qué sabotean su capacidad de concentrarse en el trabajo y pensar con claridad” (La ventaja de saber controlar las emociones.)
Pero lo anterior no es nada sencillo, pues es necesario entrenar la mente para intervenir en el momento preciso y más importante aún, es el estar convencido de que controlar nuestras emociones tiene grandes beneficios.
Para el budismo las emociones pueden ser factores que nublan una visión clara de los hechos y el budismo también reconoce la posibilidad de “intervenir antes, durante o después del surgimiento de una determinada emoción aflictiva” (Goleman, D. 165)
Hay que decir que controlar una emoción desde su nacimiento es extremadamente complicado. Las emociones pueden aparecer en tan solo una fracción de segundo y nuestro cerebro suele hacer una evaluación automática “que discurre a tal velocidad que no somos consientes de ella y sólo podemos advertir sus efectos cuando ya estamos asustados, enfadados o tristes, es decir, después—pero no antes—de la emergencia de la emoción. El momento en que cobramos conciencia se produce entre medio segundo después de que la emoción haya aparecido… por ello hablamos de una evaluación automática. Dicho en otras palabras, nos hallamos a merced de una emoción aun antes de haber advertido su presencia” (Goleman, D. 179).
Para entender la evaluación automática podemos recordar cuando hemos viajado en avión. Por más acostumbrados que estemos a viajar, en la mayoría de los casos, cuando el avión entra en una turbulencia y da un súbito bajón, sentimos inmediatamente un miedo que no podemos controlar, al menos, hasta segundos después de su aparición. “Cuando el avión en que uno baja cae repentinamente en un bache de aire y se dispara una respuesta automática de miedo” (Goleman D. 196).
Ekman habla de tres momentos cruciales en las emociones.
-Momento de evaluación, es del que ya hablamos, es el que ocurre automáticamente y por eso es difícil de intervenir en este.
“Supongamos, por ejemplo, que alguien se nos cuela mientras estamos esperando nuestro turno, en cuyo caso llevamos a cabo una evaluación rápida—a la que podemos denominar “conciencia de evaluación”—de la conducta de esa persona que nos lleva a concluir “que maleducado”… si pudiéramos cobrar conciencia de esa evaluación…podríamos dar un paso atrás y cuestionar esa creencia, cayendo entonces en la cuenta de que no nos había visto, o que no merece la pena efandarse por esa nimiedad…Pero en opinión de Paul, esa posibilidad es muy remota, porque el proceso de evaluación es muy rápido y se produce en regiones cerebrales que operan fuera del marco de nuestra conciencia” (Goleman, D. 194).
Los siguientes dos momentos son en los que la conciencia de lo que está pasando puede contribuir a aumentar nuestra capacidad de controlar las emociones:
-Momento de impulso.
“En un momento posterior a la evaluación (que nos lleva a decir, por ejemplo, “Vaya conducta más grosera e injusta)… aparece un impulso que nos conduce a la acción y a desaprobar bruscamente, pongamos por caso, la conducta de esa persona. Ese segundo momento… nos proporciona una nueva oportunidad para cobrar conciencia del impulso, reevaluarlo y elegir así una respuesta más acorde… pero no resulta nada sencillo y requiere de la adecuada práctica” (Goleman, D. 194).
-Momento de acción.
“Existe la posibilidad de cobrar conciencia de lo que está sucediendo en un momento posterior, cuando empezamos a hablar, o experimentamos la tensión de nuestro cuerpo… “conciencia de la acción”—nos proporciona una tercera posibilidad de intervención para controlar nuestras emociones e interrumpir, o modificar, nuestros hábitos emocionales” (Goleman, D. 194).
Como pueden darse cuenta controlar una emoción no es cosa fácil, estas nos toman por sorpresa y se nos presentan de forma inesperada. Hay diferentes prácticas para entrenar a la mente en este difícil objetivo y van desde controlar la respiración hasta la meditación de la atención plena, que es una práctica budista que enseña a las personas a observar todo lo que ocurre en la propia mente
Desde mi particular punto de vista y experiencia; uno no aprende a no sentir ira, miedo u otra emoción, sino que aprende a reconocerlos inmediatamente. Se aprende a identificar, conscientemente, las emociones en cuanto se aparecen en nuestro sistema, es entonces que uno las puede controlar, puede navegar a través de ellas, puede sentir las reacciones en las diferentes partes del cuerpo y puede aumentar o disminuir la intensidad a voluntad.
Creo que el secreto está en la práctica, hay que observar una y otra vez que es lo que sucede en nuestros cuerpos y en nuestras mentes cuando nos enojamos, cuando sentimos miedo, cuando reímos o cuando estamos felices. El conocer y reconocer lo que pensamos y sentimos durante una emoción es lo que después nos va a permitir intervenir en el momento exacto. Es importante señalar que es fundamental aceptar que el estar en el completo control de nuestras emociones representa una enorme ventaja. Hay personas que no lo creen así y prefieren dejarse llevar por sus instintos.
Controlar nuestros sentimientos es estar un paso delante de nuestro rival, contraparte o enemigo, en un deporte, en una negociación, en la política o hasta en la misma guerra.
“Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo”
Aristóteles, Ética a Nicómaco.
José Manuel Guevara S.
Fuentes:
Daniel Goleman: La inteligencia Emocional, cuando lo inteligente es tonto.
Goleman Daniel: Emociones destructivas. Un dialogo científico con el Dalai Lama. Ed. Vergara. Mayo 2003